dilluns, 7 d’abril de 2008

Ikea solutions

El sábado fui al IKEA a comprarme unas cositas. Ya no nos cabe la ropa (que no nos ponemos claro) y los libros y necesitamos armarios y librerías.
La solución más evidente es tirar todo aquello que sobra a la basura, pero este trapo aunque me lo he puesto sólo dos veces no lo quiero tirar porque me hace gracia, estos zapatos ni las he estrenado y no pueden ir a la basura etcétera.
Así que paseo en IKEA y compramos dos armarios y dos librerías, total 700 y pico transporte y montaje incluido (excepto las librerías que es un pequeño entretenimiento montarlas como jugar al parchís y meter un clavo).
Entrar a comprar en la tienda de IKEA ya es de por si toda una aventura al estilo Indiana Jones, te metes dentro del laberinto con una sola entrada y una sola salida, la marcha atrás es complicada y un peligro provocado por la avalancha de gente que sigue el sentido único de la marcha. Existen pasillos para volver atrás pero nunca atajos hacia adelante (no los ves porque vas ciego yendo hacia adelante con el río de gente), te lo tienes que tragar todo si quieres salir. Menos mal que a medio camino tienes un café donde hacer el avituallamiento a un precio muy razonable.
Y al final llegas al almacén, enorme, majestuoso. Coges un carrito y a llenar, si tienes la desgracia, como yo, de coger muchas cosas lo tienes chungo. Los muebles pesan lo suyo, la madre que los parió.
Pasas por caja baldado y hacia el pasillo para llegar a la zona de transporte. Y aquí la última prueba, los muy inteligentes han hecho el pasillo en subida, suelo liso pero en subida... la madre que parió... Me cruzo con dos empleados, me miran de reojo, ven mi cara de padecimiento y mirada al frente que no ha sido nada, supongo que no era bastante evidente que no podía con el puñetero carro: lengua fuera, sudado, expresión implorando ayuda, postura en plena armonía con el carro formando un solo conjunto al estilo de los esclavos egipcios transportando las piedras para las pirámides (visualizad la viñeta de Asterix i Cleopatra dónde los esclavos hacía horas extras).Un esfuerzo más y llego a la cima. ¡He podido contigo hijo de puta!
Y ahora tengo el montador en casa, un tío solo, le he dado una coca cola y él va haciendo.
Y mira tú por donde que el armario del recibidor es más grande de lo que nos pensábamos, mi mujer decía que si que cabe y yo que mejor más estrecho, pero no, el grande. Para salir de casa lo tendremos que hacer de lado. Todo habría quedado solucionado si hubiéramos recurrido a Anna.
Lo más positivo es oír como se abren las puertas de las vecinas fisgonas.